Durante la sesión, el embajador venezolano denunció un operativo armado sin justificación legal.
La postura de condena fue respaldada firmemente por Rusia y China, quienes calificaron la acción de ilegal y exigieron la liberación de Maduro, advirtiendo que amenaza la paz en América Latina.
Potencias como Irán también se sumaron a las críticas.
Por su parte, Estados Unidos, a través de su representante Mike Waltz, defendió la operación, calificándola como una “acción policial” contra un “narcoterrorista” y negó buscar una guerra o la ocupación del país. El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su preocupación, advirtiendo que las acciones de EE.
UU. “socavaron un principio fundamental del derecho internacional”.
En América Latina, la división fue evidente.
Gobiernos de izquierda como los de Brasil, Colombia, México, Chile y Uruguay emitieron un comunicado conjunto rechazando la intervención y el control externo sobre los recursos venezolanos.
El presidente brasileño Lula da Silva afirmó que EE.
UU. cruzó una “línea inaceptable”.
En contraste, gobiernos de derecha como el de Argentina e Israel felicitaron a Trump por la operación.













