Tras su captura y traslado a Nueva York, Nicolás Maduro compareció en su primera audiencia ante un tribunal federal en Manhattan, donde se declaró no culpable de los cargos imputados por Estados Unidos. Este proceso judicial marca un hito en la historia de las relaciones interamericanas y centra la atención mundial en el sistema legal estadounidense. El 5 de enero de 2026, Maduro y su esposa, Cilia Flores, se presentaron ante el juez Alvin K. Hellerstein en la Corte del Distrito Sur de Nueva York. Durante la audiencia, que duró aproximadamente 40 minutos, Maduro, vestido con uniforme de preso y usando un dispositivo de traducción, afirmó: “Soy inocente.
No soy culpable. Soy un hombre decente”.
Además, denunció haber sido “secuestrado” en su casa en Caracas y se definió como “prisionero de guerra”, acogido a la Convención de Ginebra. Los cargos en su contra, presentados formalmente en 2020, incluyen conspiración narcoterrorista, importación de cocaína y posesión de armas pesadas, vinculándolo con el llamado 'Cartel de los Soles'. Su abogado, Barry Pollack, anunció que no solicitaría fianza y adelantó que cuestionará la legalidad de su “secuestro militar” y su estatus como “jefe de un Estado soberano”. La fiscalía, por su parte, sostiene que Maduro lideraba una red criminal que utilizó la cocaína como “arma contra Estados Unidos”.
El juez Hellerstein, un magistrado de 92 años con experiencia en casos de alto perfil, fijó la siguiente audiencia para el 17 de marzo de 2026, iniciando un proceso que se anticipa largo y complejo.
En resumenLa primera comparecencia de Nicolás Maduro ante la justicia estadounidense se caracterizó por su declaración de inocencia y su autodefinición como 'prisionero de guerra'. El proceso judicial, que continuará en marzo, se centra en graves acusaciones de narcoterrorismo y plantea complejos debates sobre inmunidad soberana y la legalidad de su detención.