El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, denunció que fueron “asesinados a sangre fría”.
Un hecho particularmente grave fue la confirmación por parte del gobierno de La Habana de la muerte de 32 ciudadanos cubanos durante los ataques aéreos. Según las autoridades cubanas, los fallecidos se encontraban en Venezuela cumpliendo misiones solicitadas por el gobierno de Maduro.
Cuba decretó luto oficial y condenó enérgicamente la acción militar estadounidense.
La muerte de estos ciudadanos cubanos añade una dimensión internacional al costo humano de la operación y ha intensificado las críticas de los países aliados de Venezuela, que denuncian el carácter indiscriminado de los bombardeos y el impacto sobre la población civil y personal extranjero presente en el país.













