Moscú y Pekín, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, exigieron la “liberación inmediata” de Nicolás Maduro.

La Unión Europea también emitió un comunicado expresando su postura. Estas reacciones evidencian la profunda división que ha causado la acción de Washington, aislando a Estados Unidos en su postura y generando un debate global sobre los límites de la intervención extranjera y la primacía del derecho internacional en la resolución de conflictos.