Desde al menos 2017, Donald Trump había advertido sobre una posible “opción militar” contra Venezuela.

Esta retórica se materializó en los últimos meses de 2025 con una escalada de acciones concretas. El Comando Sur de Estados Unidos reforzó su presencia en la región, llegando a tener unos 15.000 soldados en el Caribe. Bajo la justificación de combatir el narcotráfico, Washington lanzó una ofensiva de cinco meses contra lo que denominó “narcolanchas” en el Caribe y el Pacífico, destruyendo más de 35 embarcaciones y causando más de un centenar de muertes, según reportes. Estas acciones fueron denunciadas por el gobierno de Maduro como una violación a la soberanía. La presión aumentó cuando Trump confirmó un ataque terrestre contra una “gran instalación” en una zona de muelles en Venezuela, que según The New York Times fue ejecutado por la CIA a principios de diciembre. Este sería el primer ataque en tierra firme antes de la operación final.

Paralelamente, Estados Unidos intensificó las sanciones económicas y petroleras.

Esta cronología de eventos demuestra una estrategia deliberada y progresiva para debilitar al gobierno venezolano, preparando el terreno para la intervención militar del 3 de enero.