Anunció explícitamente que Estados Unidos gestionará la transición y que las principales empresas petroleras estadounidenses, como Chevron —que ya opera en el país bajo una licencia especial—, tendrán un papel protagónico. “Vamos a permitir que las empresas petroleras norteamericanas inviertan en Venezuela”, afirmó, añadiendo que se encargarán de la “reconstrucción de la infraestructura” energética. Esta postura es consistente con análisis de expertos como Fernando Estenssoro, quien sostiene que el interés de Washington en el petróleo venezolano se enmarca en una “pugna fuerte con China” por recursos estratégicos en el hemisferio. El propio Maduro, antes de su captura, había acusado a EE.
UU. de orquestar un plan para apoderarse del crudo del país. La franqueza de Trump sobre el rol de las petroleras confirma que la intervención tiene una dimensión económica fundamental, buscando no solo un cambio de régimen, sino también asegurar el acceso y control estadounidense sobre una de las mayores reservas de petróleo del mundo.













