La captura de Nicolás Maduro representó una oportunidad sin precedentes para la oposición venezolana, que rápidamente llamó a una transición democrática. Sin embargo, las inesperadas declaraciones del presidente Donald Trump, desestimando a la líder opositora María Corina Machado, crearon una profunda incertidumbre sobre el rol que Washington le asigna a este sector. Tras conocerse la noticia, Machado, figura central de la oposición y ganadora del Premio Nobel de Paz en 2025, declaró que “llegó la hora de la libertad” y pidió que Edmundo González Urrutia, a quien consideran el presidente legítimo tras las elecciones de 2024, asumiera el poder para liderar una transición pacífica.
Su llamado fue respaldado por figuras internacionales como el presidente francés Emmanuel Macron.
No obstante, este plan chocó frontalmente con la visión de la Casa Blanca.
En una rueda de prensa, Trump afirmó que a Machado “le sería muy difícil estar al frente del país”, ya que, según él, “no cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país”. Este desaire público no solo debilita la posición de la principal líder opositora, sino que también sugiere que los planes de Estados Unidos para Venezuela no necesariamente incluyen a la coalición que ha luchado por años contra el chavismo. La postura de Trump, que además insinuó estar en comunicación con la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez, deja a la oposición en una encrucijada, dependiendo de un actor internacional clave que parece tener su propia agenda.
En resumenMientras la oposición venezolana, liderada por María Corina Machado, vio la captura de Maduro como el momento para una transición democrática, el rechazo público de Donald Trump a su liderazgo revela una desconexión fundamental. Esto sugiere que el futuro de Venezuela podría ser definido por los intereses de EE. UU. más que por las aspiraciones de la oposición local.