Gobiernos de izquierda, liderados por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, condenaron categóricamente la acción, calificándola como una violación “inaceptable” del derecho internacional. A esta postura se sumaron los presidentes de Chile, Gabriel Boric, y de Colombia, Gustavo Petro, quienes advirtieron sobre las graves consecuencias para la estabilidad regional.

México también expresó su rechazo y se ofreció como mediador.

En el extremo opuesto, el gobierno de Argentina, encabezado por Javier Milei, celebró la detención de Maduro como un paso hacia la “libertad”. A nivel global, aliados históricos de Venezuela como Rusia, China e Irán condenaron la intervención militar, acusando a Washington de injerencia. La tensión escaló al ámbito diplomático cuando Colombia convocó a una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, una solicitud que fue respaldada por Rusia y China, ambos miembros permanentes con poder de veto. Esta polarización refleja no solo las diferentes posturas sobre el gobierno de Maduro, sino también una disputa geopolítica más amplia sobre el intervencionismo y la influencia de Estados Unidos en la región.