La captura de Nicolás Maduro fue precedida por una intensa campaña militar de cinco meses por parte de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico, justificada como una ofensiva contra el narcotráfico. Esta operación, que resultó en la destrucción de decenas de embarcaciones y más de cien muertes, sentó las bases para la intervención directa en Venezuela. Desde agosto de 2025, Estados Unidos mantuvo un significativo despliegue aeronaval cerca de aguas venezolanas. Durante este período, el Comando Sur informó haber destruido más de 35 lanchas, presuntamente vinculadas al narcotráfico, causando la muerte de más de cien personas. Los ataques se sucedieron de manera constante, con los últimos bombardeos reportados el 31 de diciembre de 2025, apenas días antes de la operación en Caracas. Esta campaña militar fue presentada por la administración Trump como una pieza clave de su estrategia de seguridad nacional para detener el flujo de drogas hacia Estados Unidos.
Paradójicamente, en los días previos a su captura, Nicolás Maduro había reiterado su disposición para negociar con EE.
UU. un “acuerdo de combate contra el narcotráfico” y ofreció oportunidades de inversión petrolera.
Sin embargo, estas propuestas no detuvieron la escalada.
La ofensiva contra las “narcolanchas” sirvió para establecer una presencia militar sostenida en la región y para construir una narrativa que justificara una acción más contundente contra el gobierno venezolano, al que Washington acusa de tener vínculos con el narcoterrorismo.
En resumenLa sostenida campaña militar contra el narcotráfico en el Caribe funcionó como un preludio estratégico y una justificación pública para la eventual intervención en Venezuela, enmarcando la captura de Maduro como una consecuencia de la lucha contra el crimen organizado transnacional.