Los bombardeos se concentraron en la capital, Caracas, y sus alrededores, apuntando al corazón del poder militar del chavismo.
El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino, fue uno de los primeros en ofrecer detalles, asegurando que Washington “lanzó ataque con misiles y cohetes” contra puntos en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira. Uno de los objetivos principales fue el Fuerte Tiuna, el complejo militar más importante del país, que según reportes fue desalojado por personal militar y civil.
También se informaron explosiones en la base aérea de La Carlota y cerca de aeropuertos. Los videos difundidos en redes sociales mostraron columnas de humo y detonaciones, así como el sobrevuelo de aeronaves a baja altura. La ofensiva fue descrita como un ataque “a gran escala”, diseñado para neutralizar la capacidad de respuesta del ejército venezolano y facilitar la operación de captura del presidente Maduro. La efectividad y la escala del ataque sugieren una operación meticulosamente planificada, que aprovechó el factor sorpresa durante la madrugada para maximizar su impacto sobre la infraestructura de defensa del gobierno venezolano.












