Sus declaraciones directas y su enfoque personalista definen la estrategia de Washington y aumentan la imprevisibilidad del conflicto. Trump no ha delegado la comunicación de las acciones más críticas.
Fue él quien confirmó a los periodistas el ataque a la instalación terrestre, afirmando: “la hicimos volar por los aires”.
Asimismo, ha emitido advertencias directas a Nicolás Maduro, declarando que sería “inteligente” que el líder venezolano dejara el poder.
Este estilo se complementa con revelaciones como la de una llamada telefónica “infructuosa” con Maduro, mostrando un involucramiento directo en los intentos de comunicación. El análisis del exembajador John Feeley, quien opina que “Trump necesita destruir algunos objetivos en Venezuela o parecerá débil”, sugiere que las decisiones de Washington pueden estar motivadas tanto por la geopolítica como por la necesidad del presidente de proyectar una imagen de fuerza. Este enfoque, donde la política exterior se entrelaza con la personalidad y los intereses políticos del mandatario, hace que la crisis sea particularmente volátil. Las acciones de Estados Unidos pueden escalar o desescalar no solo en función de la situación en Venezuela, sino también de la percepción pública y la imagen política del propio Trump.












