Esta postura busca proyectar fortaleza interna y disuadir cualquier intento de intervención directa.

En su mensaje de fin de año, Maduro anunció que reforzará el desarrollo técnico y militar del país para hacer frente a lo que calificó como “amenazas y doctrinas imperiales”. Este discurso se vio respaldado por su ministro de Defensa, quien declaró que los intentos de Estados Unidos de desestabilizar a la FANB son constantes pero inútiles, afirmando que es “imposible” dividir a la institución castrense.

Estas declaraciones son una respuesta directa al despliegue naval estadounidense en el Caribe y al ataque confirmado por Trump sobre una instalación en tierra.

Como parte de esta estrategia de defensa, las fuerzas armadas venezolanas también han publicitado sus propias operaciones, como la destrucción de una aeronave sin permisos en la frontera con Colombia, presentándola como una acción de soberanía. La lealtad de la Fuerza Armada es el pilar fundamental para la supervivencia del régimen de Maduro, por lo que esta retórica de unidad y fortalecimiento militar no solo busca disuadir a Washington, sino también consolidar el control interno y asegurar que no haya fisuras en el estamento militar ante la creciente presión externa.