Según un informe de The New York Times, las detenciones se han producido desde que el gobierno de Trump intensificó su campaña de presión contra el régimen de Nicolás Maduro. Aunque no se especifican los nombres ni el número exacto de los capturados, la medida se interpreta como una forma de “diplomacia de rehenes”, en la que los ciudadanos extranjeros se convierten en peones dentro de un conflicto geopolítico mayor. La detención de estadounidenses crea un dilema para Washington, ya que introduce un elemento humano y consular sensible que puede complicar la aplicación de una política de línea dura. El gobierno de Maduro podría utilizar a estos detenidos como moneda de cambio para negociar un alivio de las sanciones o para disuadir futuras acciones militares. Esta estrategia no es nueva en las relaciones internacionales, pero su aplicación en el contexto de la crisis venezolana añade un nivel de peligrosidad e imprevisibilidad, poniendo en riesgo la vida de individuos y dificultando cualquier posible vía de desescalada diplomática entre ambos países.