El gobierno de Donald Trump ejecutó un ataque contra una instalación terrestre en Venezuela, marcando una grave escalada en su ofensiva contra el narcotráfico que Washington vincula al régimen de Nicolás Maduro. Esta acción, confirmada por el propio presidente estadounidense, representa la primera operación de este tipo en suelo venezolano en el marco de la actual crisis. La operación, que según fuentes del New York Times y CNN fue llevada a cabo por la CIA, tuvo como objetivo lo que Trump describió como “una gran instalación” en una “zona de un muelle donde cargan las embarcaciones con drogas”. En sus declaraciones, el mandatario fue contundente: “Hace dos noches la hicimos volar por los aires.
Así que los golpeamos muy duro”.
Esta intervención directa en tierra representa un cambio cualitativo en la estrategia de “máxima presión” de Washington. El exembajador de EE. UU., John Feeley, calificó el hecho como una “importante escalada de hostilidades”, sugiriendo que Trump busca demostrar fuerza.
Por su parte, el gobierno venezolano ha reaccionado con escepticismo y desafío.
Nicolás Maduro calificó las informaciones como “noticias falsas” transmitidas en Estados Unidos, mientras su ministro de Defensa aseguró que es “imposible” dividir a la Fuerza Armada ante la “amenaza” estadounidense. Aunque una empresa privada llamada Primazol, que sufrió un incendio en sus instalaciones, negó que el suceso fuera producto de un ataque, la confirmación de Trump ha dejado pocas dudas sobre la autoría y la intención de la operación, aumentando el temor a un conflicto militar directo entre ambas naciones.
En resumenEl ataque estadounidense a una instalación en tierra venezolana, confirmado por Trump y atribuido a la CIA, representa la escalada más significativa en el conflicto bilateral. Mientras Caracas lo niega, la acción intensifica la presión militar y eleva el riesgo de una confrontación directa, enmarcada por Washington como una operación antinarcóticos.