La ofensiva estadounidense no solo se ha centrado en sancionar a empresas que transportan crudo venezolano, sino también en interceptar buques en el mar Caribe.

Un caso notorio es el del superpetrolero Bella 1, que fue perseguido por la Guardia Costera de EE.

UU. mientras se dirigía a Venezuela.

Para evadir la captura, la embarcación llegó a pintar la bandera rusa en su casco.

Esta presión ha afectado también a aliados de Venezuela, como Cuba, que ha visto reducido el suministro de petróleo, lo que agrava su propia crisis energética.

Además del sector energético, la conectividad aérea del país se ha visto drásticamente reducida.

Desde que Estados Unidos emitió una alerta en noviembre advirtiendo sobre los riesgos de sobrevolar territorio venezolano, varias aerolíneas internacionales han suspendido sus rutas.

Esta situación, sumada a las restricciones impuestas por el propio gobierno de Maduro, ha profundizado el aislamiento del país, generando una Navidad “solitaria” para muchos venezolanos que no pudieron reunirse con sus familias en el exterior.