En declaraciones a la prensa, Trump fue contundente: “Hubo una gran explosión en la zona de un muelle donde cargan las embarcaciones con drogas”, y añadió: “hace dos noches la hicimos volar por los aires.

Así que los golpeamos muy duro”.

Aunque el mandatario no especificó la ubicación exacta, funcionarios estadounidenses confirmaron extraoficialmente que el objetivo se encontraba en Venezuela.

Esta acción generó una fuerte reacción del Gobierno de Nicolás Maduro, que calificó el hecho como una violación a su soberanía.

El ministro de Defensa venezolano aseguró que era “imposible” dividir a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ante la “amenaza” de Estados Unidos.

Por su parte, el exembajador estadounidense John Feeley advirtió que un ataque terrestre “representará una importante escalada de hostilidades”, sugiriendo que Trump necesita mostrarse fuerte en su política exterior. La empresa venezolana Primazol, vinculada a una explosión en Zulia por esas fechas, negó que el incidente en sus instalaciones fuera producto de un ataque, atribuyéndolo a una falla eléctrica.