La proximidad de Trinidad y Tobago a Venezuela, a solo 11 km de distancia, lo ha convertido en un territorio estratégico clave para las operaciones estadounidenses, generando una fuerte reacción de Caracas. La autorización del gobierno trinitense para que aviones militares de EE.
UU. utilicen sus aeropuertos marca un punto de inflexión en la seguridad regional.
Esta decisión provocó una advertencia directa de Diosdado Cabello, quien afirmó que Venezuela responderá si su territorio es usado para un ataque, señalando que Estados Unidos ya estaría presente en tierras trinitenses.
Mientras tanto, Cuba sufre las consecuencias directas del bloqueo naval, que interrumpe el vital suministro de petróleo venezolano y agrava su crisis energética.
En respuesta, la isla ha buscado el apoyo de otros aliados: un buque petrolero ruso sancionado por Europa se dirige a Matanzas, y México ha enviado más de 80.000 barriles de crudo como un “salvavidas” para la dictadura de La Habana. Estas acciones demuestran cómo la crisis bilateral está obligando a otros países de la región a tomar partido o a navegar en un complejo equilibrio diplomático.
La tensión no es un asunto aislado, sino un conflicto que redefine alianzas y genera una inestabilidad que se propaga por todo el Caribe.












