Estos funcionarios han combinado diferentes frentes para cercar al gobierno de Nicolás Maduro.
Rubio ha liderado la ofensiva diplomática, mientras que Hegseth ha sido una pieza central en el despliegue militar y la justificación de las operaciones contra el narcotráfico. Por su parte, Stephen Miller ha enfocado sus esfuerzos en el frente migratorio, insistiendo en que los inmigrantes y su descendencia representan un problema generacional para Estados Unidos.
Esta visión integral ha dado forma a una política multifacética que abarca sanciones económicas, presión diplomática, una postura militar amenazante y duras políticas migratorias.
Sin embargo, esta estrategia no está exenta de críticas, incluso desde dentro del propio campo republicano.
John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional, ha afirmado en una entrevista que “Trump está confundido sobre qué hacer en Venezuela” y que sus decisiones “no tienen que ver con los intereses estadounidenses”. Esta perspectiva sugiere que, a pesar de la aparente cohesión de la política de línea dura, podría existir una falta de claridad estratégica en la Casa Blanca sobre el objetivo final y las consecuencias de sus acciones.












