La falta de combustible ha provocado apagones diarios que lastran una economía que ya se ha contraído un 11 % en los últimos cinco años. Para mitigar la crisis, La Habana ha buscado el auxilio de otros socios, como México, que autorizó el envío de 80.000 barriles de petróleo, y Rusia, que ha despachado un buque petrolero sancionado por Europa, en un claro desafío a las medidas occidentales. La interconexión de estas crisis demuestra cómo la política de Washington hacia Venezuela genera un efecto dominó que desestabiliza a toda la región.