Estas declaraciones eliminan cualquier ambigüedad sobre las intenciones de Washington y enmarcan el bloqueo naval como un medio para alcanzar un fin político.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ha sido particularmente explícita, afirmando categóricamente que "Maduro tiene que irse". Su administración acusa al mandatario venezolano de liderar una organización de narcotráfico, el "Cartel de los Soles", que supuestamente incluye a altos funcionarios de su gobierno. Esta narrativa justifica las operaciones militares en el Caribe como una lucha contra el crimen organizado transnacional, además de una medida de presión política. El propio presidente Donald Trump ha contribuido a esta retórica, declarando que a Maduro le quedan los días contados y que "lo más inteligente" que podría hacer es dejar el poder, sin descartar una guerra con Venezuela. El exasesor de Seguridad Nacional, John Bolton, aunque crítico con la estrategia de Trump, confirma que la intención de la Casa Blanca es un cambio de régimen. Esta postura, que combina la presión militar y económica con un llamado directo a la destitución de un jefe de Estado, define la política de "máxima presión" y eleva las apuestas en el enfrentamiento bilateral.












