En un controvertido giro de la política migratoria de la administración Trump, un grupo de migrantes venezolanos fue deportado de Estados Unidos y enviado directamente a una prisión de máxima seguridad en El Salvador, conocida como el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT). Esta medida ha sido duramente criticada por violar los derechos humanos y el debido proceso de los afectados. Los venezolanos, acusados de pertenecer a grupos delincuenciales sin haber sido sometidos a un juicio previo, fueron expulsados en marzo.
Posteriormente, un juez de distrito en Estados Unidos, James Boasberg, dictaminó que esta expulsión fue ilegal, ya que violó sus derechos al debido proceso, y sentenció que tienen derecho a comparecer ante un tribunal para impugnar su deportación.
Tras meses de negociaciones entre Washington, San Salvador y Caracas, los 252 venezolanos detenidos en el CECOT fueron finalmente retornados a su país.
Ahora, facultados por la decisión judicial estadounidense, los exdetenidos y sus representantes legales exigen que se cumpla la sentencia y buscan algún tipo de reparación por parte del gobierno de Donald Trump. Este caso ha puesto de relieve las políticas de inmigración cada vez más estrictas de Estados Unidos y ha generado un debate sobre la legalidad y la humanidad de deportar a migrantes a terceros países, especialmente a instalaciones penitenciarias de alta seguridad.
En resumenLa deportación de migrantes venezolanos desde Estados Unidos a la megaprisión CECOT en El Salvador representa una de las políticas migratorias más duras y controvertidas de la administración Trump. Aunque una corte estadounidense declaró ilegal la medida, el incidente ha dejado una profunda huella en los afectados y ha abierto un complejo debate sobre derechos humanos y debido proceso en la gestión de la migración.