Esta acción representa una escalada significativa en las tensiones entre ambos países y ha generado preocupación internacional sobre una posible acción militar.
El despliegue está encabezado por el portaaviones Gerald R. Ford, acompañado de otros buques de guerra y aviones de combate, conformando una fuerza militar descrita como “enorme”. Oficialmente, Washington enmarca la operación como una campaña contra el narcotráfico, acusando al gobierno de Nicolás Maduro de liderar el “Cartel de los Soles”. Sin embargo, el objetivo principal parece ser asfixiar económicamente al régimen venezolano, golpeando su principal fuente de ingresos: la exportación de petróleo. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha calificado al gobierno venezolano como una amenaza directa para Estados Unidos que coopera con grupos terroristas. Analistas y líderes regionales, como el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, han advertido sobre el riesgo de una “catástrofe humanitaria” si la situación escala a un conflicto armado. La medida revive la histórica práctica del bloqueo naval como herramienta de presión, y algunos expertos la comparan con la invasión de Panamá en 1989, aunque señalan que el contexto actual es diferente y que el presidente Trump podría estar buscando forzar la salida de Maduro sin declarar una guerra formal.












