Lula ha sido una de las voces más contundentes, advirtiendo que una intervención militar en Venezuela sería una “catástrofe humanitaria” y un “precedente peligroso para el mundo”. El mandatario brasileño, quien ha conversado por separado con Trump y Maduro, insistió en que “las cosas no se resuelven con tiros” y ha propuesto a Brasil como mediador para evitar una guerra, dado el interés de su país por la paz en su frontera común. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se ha sumado al llamado a la moderación, instando a la ONU a actuar para evitar el derramamiento de sangre.
En contraste, otros líderes han mostrado una postura más alineada con Washington.
Durante una cumbre del Mercosur, el presidente argentino Javier Milei celebró la presión ejercida por la administración Trump. Asimismo, seis países latinoamericanos, incluyendo Argentina, Paraguay, Panamá, Bolivia, Ecuador y Perú, suscribieron un comunicado exigiendo a Maduro una transición democrática, una acción celebrada por la opositora María Corina Machado.
Esta división refleja la complejidad del panorama político regional y los desafíos para encontrar una solución consensuada a la crisis venezolana.












