Estas afirmaciones se producen en un contexto de máxima presión económica y militar, mientras Nicolás Maduro acusa a Washington de tener intenciones imperialistas sobre las riquezas de su país.

En una entrevista con NBC News, al ser preguntado directamente sobre una posible guerra, Trump respondió: “No lo descarto”.

Añadió que el líder venezolano “sabe exactamente lo que quiero”, un mensaje que fue interpretado como una amenaza directa para que abandone el poder. Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó esta postura al calificar al gobierno de Maduro como una “amenaza directa” para EE.

UU. y una entidad “intolerable”, advirtiendo que Caracas coopera con grupos terroristas.

Desde Venezuela, la respuesta ha sido de repudio. Nicolás Maduro, quien ha calificado las acciones estadounidenses como una “extorsión”, sostiene que el verdadero objetivo de Washington es apoderarse de las reservas petroleras venezolanas.

En este sentido, Trump ha alimentado la narrativa nacionalista venezolana al afirmar que Venezuela “se apropió” del petróleo estadounidense y que su gobierno lo quiere “de vuelta”. El exasesor de Seguridad Nacional, John Bolton, aportó una perspectiva interna al afirmar que “Trump está confundido sobre qué hacer en Venezuela”, sugiriendo que las decisiones del presidente no siempre responden a los intereses estadounidenses. Esta escalada verbal ha generado alarma en la región, con líderes como el presidente brasileño Lula da Silva advirtiendo sobre las consecuencias de un conflicto.