El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que una intervención militar sería una “catástrofe humanitaria”, mientras ambos países han ofrecido sus buenos oficios para mediar en la crisis. Lula ha sido contundente en su rechazo a una solución militar, declarando que “las cosas no se resuelven con tiros” y que una intervención armada en Venezuela crearía un “precedente peligroso para el mundo”. El mandatario brasileño ha insistido en su disposición para mediar, afirmando haber conversado por separado con Donald Trump y Nicolás Maduro. Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también ha pedido soluciones pacíficas e instado a las Naciones Unidas a interceder para evitar el derramamiento de sangre. La postura de ambos líderes contrasta con la de otros mandatarios de la región, como el argentino Javier Milei, quien ha celebrado la presión de Trump sobre Maduro. Este ofrecimiento de mediación, sin embargo, es visto por algunos analistas como tardío y con poca autoridad moral, especialmente en el caso de México. La iniciativa de Brasil y México refleja un esfuerzo por parte de las principales potencias latinoamericanas para encontrar una salida diplomática y evitar que la región se vea arrastrada a un conflicto armado de consecuencias impredecibles.