Esta retórica busca justificar la ofensiva estadounidense como un acto de recuperación de propiedad, generando una fuerte reacción en Venezuela. En una publicación en su red social, Trump condicionó el fin del bloqueo naval a que Venezuela “devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron anteriormente”. Esta afirmación se basa en una interpretación histórica que, según algunos artículos, es una “distorsión”.

Los informes recuerdan que, si bien las compañías petroleras estadounidenses invirtieron masivamente en los campos de Maracaibo a principios del siglo XX, las ganancias fluyeron principalmente hacia Estados Unidos, no hacia Venezuela.

El chavismo, desde su llegada al poder, implementó una política de nacionalización de estos activos, lo que generó disputas con empresas como ExxonMobil. La narrativa de Trump ignora este complejo historial y presenta la situación como un simple “robo”, un argumento que resuena con su base política y enmarca la confrontación en términos de justicia económica para Estados Unidos. Esta postura ha sido recibida en Venezuela como una prueba de las verdaderas intenciones “imperialistas” de Washington: controlar las vastas reservas de crudo del país, las más grandes del mundo.