El éxodo masivo de venezolanos, una de las crisis de desplazamiento más grandes del mundo, constituye un telón de fondo crucial en la escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela. Los informes de organismos como la OCDE y la OIM confirman que los venezolanos continúan encabezando las solicitudes de asilo a nivel global, con Estados Unidos y España como destinos principales. Esta crisis humanitaria es utilizada por los críticos del gobierno de Maduro, como el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, para justificar políticas de mano dura y alinearse con la postura de Washington.
Kast, por ejemplo, ha prometido establecer un “corredor humanitario” para deportar a migrantes irregulares y ha expresado su apoyo a “cualquier situación que termine con una dictadura” en Venezuela.
La migración también es un factor en la política regional, con países como Panamá anunciando vuelos de “retorno voluntario” en colaboración con Estados Unidos. Por otro lado, un estudio de la OIM destaca que, a pesar de las dificultades, la migración venezolana ha impulsado las economías de América Latina y el Caribe, con aportes significativos al consumo y al recaudo fiscal. Sin embargo, la magnitud del éxodo sigue siendo un poderoso argumento para quienes, como la administración Trump, señalan el colapso del Estado venezolano como una fuente de inestabilidad regional que justifica una intervención.
En resumenLa crisis migratoria venezolana es una consecuencia directa y un factor agravante en el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela. El éxodo masivo no solo representa una grave crisis humanitaria, sino que también es utilizado como argumento político por los detractores del gobierno de Maduro para justificar políticas de presión y una mayor intervención regional, moldeando las alianzas y las estrategias en todo el continente.