Este movimiento busca presentar la crisis como una amenaza regional que requiere una respuesta conjunta.

Además, el gobierno venezolano ha acudido a instancias internacionales, solicitando una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU y manteniendo comunicación con el secretario general António Guterres para denunciar las amenazas de Washington. Internamente, Maduro ha instado a los venezolanos a rechazar la “agresión estadounidense” y ha expresado su confianza en que dentro de Estados Unidos prevalecerán las voces que buscan evitar una guerra. A pesar de la retórica desafiante, su gobierno también ha tomado medidas pragmáticas, como permitir la salida de supercargueros petroleros que no figuran en la lista de sancionados por Washington, en un aparente intento de mantener un mínimo flujo de exportaciones. La respuesta de Maduro combina la denuncia diplomática, el llamado a la unidad cívico-militar y la búsqueda de alianzas para resistir la ofensiva de la administración Trump.