Esta retórica busca legitimar el bloqueo naval y las posibles incautaciones, presentándolas no como una agresión, sino como la recuperación de activos legítimos. En una publicación en redes sociales, Trump fue explícito al ordenar el bloqueo hasta que Venezuela “devuelvan a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron anteriormente”. Este discurso ignora la historia de la industria petrolera en Venezuela, donde compañías estadounidenses invirtieron y obtuvieron grandes ganancias durante décadas antes de las nacionalizaciones impulsadas por el chavismo. La campaña de Trump se basa en lo que algunos medios califican como distorsiones para argumentar sus acciones. Al enmarcar la disputa como un robo, el presidente estadounidense busca generar apoyo interno y presentar la confrontación en términos de justicia económica y recuperación de propiedad, en lugar de una intervención geopolítica. Esta narrativa también refuerza su postura de que no permitirá que un “régimen hostil” controle recursos que considera estratégicos para los intereses de Estados Unidos.