Lula advirtió que una intervención armada en Venezuela sería una “catástrofe humanitaria” y, junto a Sheinbaum, instó a la moderación y a buscar soluciones pacíficas, ofreciéndose incluso a mediar en el conflicto.

La presidenta mexicana también pidió la intercesión de las Naciones Unidas para “evitar el derramamiento de sangre”. En la cumbre del Mercosur, las posturas se dividieron, mientras Lula advertía de una “catástrofe”, el presidente argentino Javier Milei celebró la presión de Trump.

Por otro lado, Rusia y China, aliados clave de Venezuela, han respaldado a Caracas.

El Kremlin, a través de su portavoz Dmitry Peskov, calificó la situación en el Caribe como “potencialmente muy peligrosa” y expresó su esperanza de que Trump no cometa “un error fatal”. China también se pronunció, oponiéndose a lo que considera “intimidación unilateral” y respaldando la solicitud de Venezuela de una reunión de urgencia en el Consejo de Seguridad de la ONU para discutir el bloqueo petrolero. Estas reacciones demuestran que la crisis ha trascendido el ámbito bilateral, convirtiéndose en un foco de tensión geopolítica con implicaciones globales.