Esta afirmación se enmarca en una escalada de presión política, judicial y económica contra el gobierno de Nicolás Maduro. En una entrevista con NBC News, al ser preguntado directamente sobre una posible guerra, Trump respondió de forma contundente: “No lo descarto”.
Añadió que Maduro “sabe exactamente lo que quiero”, sin detallar si su objetivo final es deponerlo.
Estas declaraciones generaron una alta expectativa, especialmente después de que el periodista conservador Tucker Carlson afirmara, citando a miembros del Congreso, que Trump anunciaría el inicio de una guerra en un discurso a la nación. Aunque el presidente finalmente no hizo tal anuncio en su alocución, la posibilidad quedó instalada en el debate público. La retórica bélica se complementa con el argumento de que Trump no necesitaría permiso del Congreso para atacar a los carteles en Venezuela, a los que vincula con el gobierno, afirmando que “no es para tanto”. El Congreso, por su parte, ha mostrado división, rechazando dos mociones que buscaban invocar la Resolución sobre Poderes de Guerra para ordenar la retirada de tropas en caso de un conflicto. La amenaza militar es percibida como real por el gobierno venezolano, que ha denunciado una pretensión “guerrerista y colonialista” por parte de Estados Unidos.












