En una entrevista con NBC News, al ser preguntado directamente sobre una posible confrontación militar, Trump respondió de manera contundente: “No lo descarto”.
Esta afirmación, junto con su advertencia de que el líder venezolano Nicolás Maduro “sabe exactamente lo que quiero”, ha sido el eje de la escalada verbal. La tensión aumentó cuando el periodista ultraconservador Tucker Carlson aseguró que miembros del Congreso habían sido informados de que “se avecina una guerra” y que Trump lo anunciaría en un discurso a la nación. Aunque el esperado anuncio no se materializó en dicha alocución, la especulación avivó el debate sobre las intenciones reales de la Casa Blanca. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha jugado un papel clave en esta ofensiva, calificando al gobierno de Maduro como una “amenaza directa” e “intolerable” para Estados Unidos y defendiendo las acciones militares en el Caribe. Rubio advirtió que Caracas coopera con grupos terroristas como el ELN y las FARC, argumentos que la administración utiliza para justificar su postura.
Esta combinación de amenazas directas del presidente y el respaldo ideológico de sus principales asesores ha consolidado la percepción de que la opción militar está siendo seriamente considerada en Washington.













