Esta estrategia busca asfixiar económicamente al gobierno de Nicolás Maduro, cortando su principal fuente de ingresos. En una escalada significativa de las hostilidades, el presidente Donald Trump anunció un “bloqueo total y completo de todos los petroleros sancionados que entren y salgan de Venezuela”, afirmando que el país estaba “completamente rodeado por la Armada”. Esta orden se materializó con la incautación de al menos dos buques en pocas semanas, marcando la primera vez que Estados Unidos captura un cargamento de petróleo venezolano. La operación militar se ha extendido a la vigilancia de aproximadamente 18 buques cargados en aguas venezolanas, con planes de futuras incautaciones en aguas internacionales, según informes de medios como Axios. El gobierno venezolano ha reaccionado con vehemencia, calificando las acciones de “robo y secuestro” y denunciándolas como actos de “piratería moderna” que violan el derecho internacional. La situación se ha complicado por reportes, como el de The New York Times, que señalan que al menos uno de los buques capturados, con bandera panameña, no estaba incluido en la lista de petroleros sancionados por Washington. Esta ofensiva marítima, justificada por Trump como una respuesta al “narcoterrorismo”, es vista por analistas como la medida más agresiva para forzar la salida de Maduro, con un impacto directo y potencialmente devastador sobre la ya mermada economía venezolana.