El presidente Donald Trump ha fundamentado su agresiva política hacia Venezuela en la repetida afirmación de que el gobierno de Nicolás Maduro “robó” campos petroleros, tierras y otros activos que, según él, pertenecen a Estados Unidos. Esta narrativa ha sido un pilar central en la justificación de medidas como el bloqueo naval y la designación de Venezuela como organización terrorista. En sus declaraciones, Trump ha exigido que Caracas “devuelva a los Estados Unidos de América todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron anteriormente”. Esta retórica busca enmarcar el conflicto no como una disputa política, sino como una reclamación de propiedad, lo que en la visión de la Casa Blanca podría legitimar acciones militares.
Los artículos contextualizan estas afirmaciones, recordando que las compañías petroleras estadounidenses invirtieron masivamente en Venezuela durante el siglo XX, generando ganancias que fluyeron principalmente hacia Estados Unidos.
Sin embargo, la idea de una propiedad directa sobre los recursos naturales venezolanos es una distorsión que apunta a generar una reacción nacionalista en su base electoral. Expertos en derecho de guerra, citados en los informes, cuestionan la validez de este argumento, señalando que no se cumplen los estándares legales para justificar un conflicto armado bajo esta premisa. A pesar de ello, la campaña de Trump contra Maduro sigue enfocada en el petróleo, como lo demuestra su interés en las expropiaciones de activos de empresas como ExxonMobil y Kellogg’s durante los gobiernos chavistas.
En resumenLa narrativa de Trump sobre el 'robo' de activos petroleros es una poderosa herramienta retórica que busca justificar la escalada de presión contra Venezuela, transformando una compleja relación histórica y política en un simple reclamo de propiedad para legitimar acciones coercitivas.