El presidente Lula da Silva expresó activamente su disposición a dialogar tanto con Donald Trump como con Nicolás Maduro para evitar “una guerra” en América del Sur. El mandatario brasileño subrayó el interés estratégico de su país en mantener la paz, debido a la extensa frontera que comparte con Venezuela, e insistió en que “las cosas no se resuelven con tiros”.

Según los informes, Lula ya habría conversado por separado con ambos líderes a principios de mes.

Por su parte, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, también desacreditó la estrategia de Washington y abogó por soluciones pacíficas.

Sheinbaum hizo un llamado a las Naciones Unidas para que intercedan en el conflicto y actúen con el fin de evitar el derramamiento de sangre. Estas posturas reflejan una preocupación generalizada en América Latina por las posibles consecuencias de una confrontación militar en la región, posicionando a las dos mayores potencias latinoamericanas como actores clave en la búsqueda de una salida negociada a la crisis.