Ambas potencias reaccionaron con firmeza ante el anuncio del presidente Donald Trump de un bloqueo naval a los buques petroleros venezolanos.

En una acción diplomática conjunta, forzaron una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU para debatir lo que consideran una medida unilateral e ilegal. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, calificó la situación como “potencialmente muy peligrosa” y expresó la esperanza de que Trump no cometa “un error fatal”, instando a Washington a actuar con pragmatismo. Por su parte, el gobierno chino manifestó su oposición a “toda intimidación unilateral” y a cualquier acto que viole la Carta de la ONU o la soberanía de otros países.

El respaldo de Beijing fue calificado como un apoyo clave para Caracas en un momento de máxima presión. Aunque China no se comprometió explícitamente a ofrecer ayuda militar o económica directa, su posicionamiento diplomático, junto con el de Rusia, proporciona un contrapeso significativo a la estrategia de Estados Unidos, llevando la crisis bilateral a un escenario de disputa geopolítica global.