Esta división refleja las fracturas ideológicas en la región.

Además de los actores latinoamericanos, otras naciones como Catar y Panamá también se han ofrecido como mediadores, temiendo que una escalada del conflicto pueda afectar la estabilidad regional y operaciones clave como el Canal de Panamá. La falta de un consenso regional debilita la posibilidad de una respuesta unificada y deja el campo abierto a la influencia de potencias extrarregionales.