Esta postura beligerante ha sido respondida con igual firmeza desde Caracas.

El gobierno venezolano ha calificado el anunciado bloqueo naval como una “grotesca amenaza” y ha advertido que está preparado para defenderse de cualquier agresión. Maduro ha expresado su confianza en que dentro de Estados Unidos le “van a amarrar las manos” a los “locos” que quieren una guerra. En medio de esta creciente presión, el presidente ruso, Vladimir Putin, mantuvo una conversación telefónica con Maduro en la que, según el Kremlin, le expresó su apoyo para proteger la soberanía venezolana ante la “creciente presión externa”. La Casa Blanca restó importancia a esta llamada, afirmando que “eso no preocupa a Trump”.

Por su parte, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, también se ha sumado a la presión, señalando que Maduro atraviesa momentos difíciles por la presión de Estados Unidos.

Esta guerra de palabras consolida alianzas y prepara el terreno para posibles acciones futuras, convirtiendo el discurso diplomático en una herramienta clave del conflicto.