Estas operaciones, que según Caracas constituyen una “intimidación”, se suman al despliegue naval que Washington mantiene en la región.
Según un análisis de la agencia AFP basado en datos de seguimiento de vuelos, aeronaves militares estadounidenses han realizado múltiples misiones en las últimas semanas. Se registraron vuelos de cazas F/A-18 que se acercaron hasta a 35 kilómetros de la costa venezolana, así como misiones de bombarderos B-1 y B-52 a solo 40 kilómetros del territorio. Además, drones de vigilancia de largo alcance han recorrido tramos de hasta 800 kilómetros sobre el mar Caribe.
Un experto en seguridad consultado sugirió que estas operaciones aéreas tienen como objetivo ejercer “presión psicológica” y evaluar las capacidades militares de Venezuela. El gobierno de Nicolás Maduro ha denunciado estos vuelos como un intento de “intimidación” y ha advertido que está preparado para “responder y defenderse”. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, afirmó que estas “hostiles circunstancias” han servido para potenciar la “autonomía operativa” de las fuerzas venezolanas y su sistema de vigilancia aérea. La situación se tornó más peligrosa cuando el piloto de un vuelo comercial de JetBlue reportó un incidente en el que casi choca con un avión de la Fuerza Aérea estadounidense cerca de Venezuela, lo que llevó a Estados Unidos a renovar las alertas de seguridad aérea sobre el país.













