El presidente Donald Trump confirmó personalmente la incautación del buque, al que describió como “el petrolero más grande jamás confiscado”. La operación fue ejecutada por el FBI, la Guardia Costera y Seguridad Nacional, con apoyo del Departamento de Guerra. El gobierno venezolano denunció que el petrolero, de nombre Skipper y que navegaba con falsa bandera, transportaba 1,9 millones de barriles de crudo.
Washington, por su parte, justificó la acción afirmando que el buque estaba sancionado desde 2022 por presuntos vínculos con Irán y era utilizado para transportar petróleo sancionado, beneficiando a “regímenes narcoterroristas”. La Casa Blanca anunció que la embarcación será trasladada a un puerto estadounidense donde su cargamento de crudo será confiscado legalmente, y advirtió que se preparan más incautaciones para desmantelar la “flota oscura” que permite a Venezuela eludir las sanciones. Esta acción marca la primera captura de un cargamento de petróleo venezolano por parte de EE. UU. y representa una escalada significativa, pasando de las sanciones financieras a la interdicción marítima directa. La medida busca estrangular económicamente al gobierno de Maduro, pero también eleva la tensión militar en una región ya volátil.













