La conversación subraya la alianza estratégica entre Moscú y Caracas como un contrapeso a la influencia de Washington en la región. Según un comunicado del Kremlin, Putin confirmó su apoyo a la política del gobierno de Maduro, orientada a "proteger la soberanía venezolana" frente a la "creciente presión externa". La relación bilateral fue descrita por ambas partes como de carácter "estratégico y ascendente". Esta llamada se produjo en un momento de máxima tensión, marcado por el despliegue naval estadounidense en el Caribe, los ataques a supuestas narcolanchas y la reciente incautación de un petrolero venezolano.
La Casa Blanca intentó minimizar la importancia del gesto, afirmando que la comunicación entre los dos líderes "no preocupa a Trump".
Sin embargo, la intervención de Putin se interpreta como un claro mensaje a Washington de que Venezuela no está aislada y cuenta con el respaldo de una potencia mundial. Informes previos también señalan que, ante la escalada, Maduro ha buscado el apoyo de Rusia y China, aunque la firmeza de dicho respaldo ha sido cuestionada por algunos analistas. La llamada de Putin sirve para disipar dudas y posiciona la crisis venezolana dentro del tablero de la geopolítica global, donde las rivalidades entre las grandes potencias juegan un papel crucial.













