Estas operaciones se suman al despliegue naval en la región, incrementando la tensión militar entre ambas naciones. Un análisis de la agencia AFP, basado en datos de seguimiento de vuelos, reveló la intensidad de estas operaciones. Aviones de combate F/A-18 de la Armada estadounidense sobrevolaron el golfo de Venezuela, llegando a estar a solo 35 kilómetros de la costa. Asimismo, se registraron misiones de bombarderos B-1 y B-52, además de drones de vigilancia de largo alcance que recorrieron extensos tramos del mar Caribe. Estas maniobras aéreas se complementan con el despliegue de una flota de buques de guerra que Washington envió a la zona en agosto, bajo el argumento de reforzar la lucha contra el narcotráfico.

El gobierno venezolano ha reaccionado enérgicamente.

El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, denunció los sobrevuelos como un "intento de intimidación" y aseguró que, ante estas "hostiles circunstancias", Venezuela ha potenciado "la autonomía operativa" de sus fuerzas y su sistema de vigilancia y control del espacio aéreo. La situación ha generado incidentes de riesgo, como el reporte del piloto de un vuelo de JetBlue que estuvo cerca de colisionar con un avión de la Fuerza Aérea de EE.

UU. en las proximidades del espacio aéreo venezolano.