Este posicionamiento busca proyectar una imagen de fortaleza y disuadir cualquier posible agresión externa.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ha sido la voz principal de esta postura. En declaraciones públicas, afirmó que las "hostiles circunstancias" generadas por el despliegue militar estadounidense en el Caribe han servido para "potenciar la autonomía operativa" de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB).
Anunció específicamente que Venezuela ha potenciado su sistema de vigilancia y control del espacio aéreo, una medida directamente relacionada con los recurrentes sobrevuelos de aeronaves militares de EE. UU. cerca de su territorio.
El discurso oficial venezolano ha sido consistente en advertir que el país está preparado para "responder y defenderse". En un comunicado, el gobierno denunció la "intimidación" de Washington y advirtió que está dispuesto a "luchar" para proteger su soberanía. Este mensaje se enmarca en un contexto en el que el presidente Donald Trump ha amenazado con que Nicolás Maduro tiene los "días contados" y no ha descartado una intervención terrestre.
La exhibición de preparación militar, por lo tanto, funciona como una respuesta simétrica a la retórica y las acciones de Estados Unidos, buscando demostrar que una intervención tendría costos significativos.













