Estos esfuerzos reflejan el temor regional a que la confrontación derive en un conflicto de mayores proporciones.
Entre las iniciativas más destacadas se encuentran las de Catar y Panamá, que se han ofrecido como mediadores para negociar una posible salida del poder de Nicolás Maduro. El gobierno panameño expresó su temor de que una escalada en la crisis pueda afectar la operación del Canal de Panamá y desatar una inestabilidad regional.
Por su parte, Brasil también ha intentado jugar un rol conciliador.
Su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, conversó con Nicolás Maduro sobre la situación en el Caribe y, según se informa, previamente se había ofrecido a mediar en las negociaciones entre Venezuela y la administración Trump, aunque no habría recibido respuesta de Washington.
En una línea diferente, el gobierno venezolano ha hecho un llamado a sus aliados regionales.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez instó a los presidentes de Colombia, Brasil y México a unirse para crear un "ejército multinacional", una propuesta que parece buscar un contrapeso a la presencia militar estadounidense en la zona. Estas diversas propuestas de mediación y alianzas muestran la complejidad del panorama diplomático, donde coexisten intentos de desescalada con llamados a formar bloques regionales, evidenciando la profunda división que la crisis venezolana genera en el continente.













