Esta narrativa busca enmarcar la confrontación como una agresión imperialista contra la soberanía nacional. La reacción más contundente se produjo tras la incautación del petrolero Skipper, que el gobierno de Nicolás Maduro describió como un acto de "piratería internacional" y un "robo descarado". En un comunicado oficial, se condenó la acción y se anunció la presentación de una queja ante la Organización Marítima Internacional.
Maduro acusó personalmente a María Corina Machado de "aplaudir" el "secuestro" del buque, que según él transportaba 1.9 millones de barriles de crudo venezolano.
Esta retórica no se limita a la incautación del buque.
Caracas ha denunciado consistentemente que el despliegue aeronaval de EE. UU. en el Caribe, bajo el pretexto de la lucha antinarcóticos, es en realidad una "estrategia de presión y desestabilización". El gobierno sostiene que el verdadero objetivo de Washington es tomar control de los recursos petroleros del país, una acusación que ha sido un pilar de la ideología chavista durante años.
Un artículo analiza esta denuncia, cuestionando si EE.
UU. realmente quiere apoderarse del petróleo venezolano, dada la caída drástica de la producción y las enormes dificultades que implicaría revitalizar la industria. A pesar de ello, la narrativa de la agresión externa sigue siendo una herramienta poderosa para el gobierno de Maduro, que la utiliza para cohesionar a sus bases y justificar la crisis interna.













