En un claro gesto de respaldo geopolítico, el presidente ruso Vladimir Putin se comunicó telefónicamente con su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, para reafirmar su apoyo frente a la “creciente presión externa” de Estados Unidos. Esta llamada subraya la importancia de la alianza entre Moscú y Caracas como un contrapeso a la influencia de Washington en América Latina. La conversación tuvo lugar en un momento de máxima tensión, marcado por el despliegue naval estadounidense en el Caribe, los ataques a supuestas narcolanchas y la reciente incautación de un petrolero venezolano. Según el Kremlin, Putin expresó su respaldo a la política de Maduro orientada a “proteger la soberanía venezolana”. Ambos líderes destacaron el carácter “estratégico y ascendente” de su relación bilateral.
Este apoyo no es meramente simbólico; se enmarca en una cooperación más amplia que incluye aspectos militares y económicos, y que ha sido fundamental para la supervivencia del gobierno chavista ante las sanciones internacionales.
La reacción de la Casa Blanca fue de minimizar la importancia del evento. La portavoz Karoline Leavitt declaró que la llamada “no preocupa a Trump”, sugiriendo que Washington no considera que la alianza ruso-venezolana altere su estrategia en la región.
Sin embargo, el respaldo explícito de una potencia como Rusia proporciona a Maduro un valioso capital político y diplomático, complicando los esfuerzos de Estados Unidos por aislarlo por completo.
Este episodio evidencia cómo la crisis venezolana es también un escenario de la disputa global entre las grandes potencias.
En resumenLa llamada de Vladimir Putin a Nicolás Maduro para expresarle su apoyo reafirma la alianza estratégica entre Rusia y Venezuela como un contrapeso a la presión de Estados Unidos. Aunque la Casa Blanca minimizó el gesto, el respaldo de Moscú proporciona un soporte diplomático crucial para el gobierno de Maduro en un momento de máxima tensión con Washington.