Este apoyo no es meramente simbólico; se enmarca en una cooperación más amplia que incluye aspectos militares y económicos, y que ha sido fundamental para la supervivencia del gobierno chavista ante las sanciones internacionales.

La reacción de la Casa Blanca fue de minimizar la importancia del evento. La portavoz Karoline Leavitt declaró que la llamada “no preocupa a Trump”, sugiriendo que Washington no considera que la alianza ruso-venezolana altere su estrategia en la región.

Sin embargo, el respaldo explícito de una potencia como Rusia proporciona a Maduro un valioso capital político y diplomático, complicando los esfuerzos de Estados Unidos por aislarlo por completo.

Este episodio evidencia cómo la crisis venezolana es también un escenario de la disputa global entre las grandes potencias.