Este escape no solo permitió a Machado recibir el prestigioso galardón, sino que también sirvió como una plataforma para intensificar la presión internacional sobre el gobierno de Nicolás Maduro. Durante su estancia en Noruega, Machado justificó las acciones militares estadounidenses contra el régimen, lo que generó rechazo en el movimiento pacifista noruego, y pidió a los países democráticos bloquear los ingresos de Maduro. Por su parte, el presidente venezolano la acusó de “aplaudir” el “secuestro” del petrolero venezolano incautado por EE.

UU.

El episodio subraya la alineación de Machado con la línea dura estadounidense y transforma su figura, ahora con el respaldo del Nobel, en un actor clave en la estrategia de Washington para forzar una transición en Venezuela.