Estas declaraciones marcan una escalada verbal significativa y abren la puerta a una posible intervención militar directa en la región, bajo la bandera de la lucha contra los “narcoterroristas”. En varias ocasiones, Trump ha afirmado que las operaciones terrestres “van a comenzar a suceder” y ha justificado estas acciones presentando la lucha contra el narcotráfico como una operación de combate. Esta postura se ha visto reforzada por más de una veintena de ataques letales contra presuntas “narcolanchas” en el Caribe y el Pacífico oriental desde septiembre.
Al ser consultado sobre si consideraría extender estas tácticas a otros países, Trump fue explícito: “Sí lo haría, seguro lo haría”, mencionando directamente a Colombia y México como posibles objetivos debido a su papel en la producción y tráfico de drogas.
La organización Human Rights Watch ha calificado estas acciones como “ejecuciones extrajudiciales”.
El mandatario se ha negado a descartar el envío de tropas terrestres a Venezuela para sacar del poder a Nicolás Maduro, a quien ha advertido que tiene los “días contados”. Esta narrativa de mano dura se alinea con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, que redefine a América Latina como una zona de interés estratégico y justifica una postura más agresiva para proteger los intereses estadounidenses en el hemisferio.













