Estas ofertas diplomáticas surgen como una alternativa a la confrontación militar y económica que domina el escenario actual. El gobierno de Panamá se ha ofrecido formalmente para mediar en el conflicto, expresando su temor de que una escalada pueda afectar la operación del Canal de Panamá y desatar una crisis regional de mayores proporciones. Además del rol de mediador, el país centroamericano sugirió que podría “acoger a ciertas personas del régimen venezolano” como parte de una solución negociada.
Esta postura se da después de que Panamá restaurara relaciones consulares con Venezuela en septiembre, enfocadas principalmente en temas migratorios.
Por su parte, Catar también se ha ofrecido para facilitar el diálogo, asegurando que ya se ha comunicado con ambas partes.
La diplomacia catarí busca aprovechar su experiencia en mediaciones complejas para intentar reducir la tensión.
Estas iniciativas se suman a los intentos previos de otros actores regionales, como el presidente de Brasil, Lula da Silva, quien se ofreció a mediar en una conversación con Trump, pero no recibió respuesta del gobierno estadounidense. La viabilidad de estas propuestas de mediación es incierta, especialmente ante la postura de “máxima presión” de la administración Trump. Sin embargo, representan un esfuerzo de la comunidad internacional por encontrar una solución pacífica y evitar un conflicto abierto con consecuencias impredecibles para toda la región.













