Esta conversación se produjo en un momento crítico, justo después de la incautación de un petrolero venezolano por parte de EE. UU. y en medio de un intenso despliegue naval estadounidense en el Caribe.

La relación entre ambos líderes fue descrita como de carácter “estratégico y ascendente”. Desde Washington, la reacción fue de aparente indiferencia. Un portavoz de la Casa Blanca restó importancia a la llamada, asegurando que el vínculo reafirmado entre los dos mandatarios “no preocupa a Trump”. Sin embargo, el apoyo de Rusia es crucial para el gobierno de Maduro, no solo en el ámbito diplomático, sino también en el económico y militar. Analistas señalan que, a pesar de este respaldo, tanto Rusia como China parecen haber reducido el apoyo firme que ofrecieron en años anteriores, dejando a Maduro en una posición más aislada frente a la ofensiva de Washington.