En medio de la escalada de tensiones con Estados Unidos, el presidente venezolano Nicolás Maduro ha recibido un explícito respaldo de su homólogo ruso, Vladimir Putin. Esta alianza estratégica subraya la dimensión geopolítica del conflicto, en el que Rusia se posiciona como un contrapeso a la influencia estadounidense en América Latina. En una llamada telefónica realizada el 11 de diciembre, Putin expresó su firme apoyo al gobierno de Maduro y a su política para “proteger la soberanía venezolana ante la creciente presión externa”. Según el Kremlin, el mandatario ruso afirmó que continuará apoyando a Venezuela en su “lucha por hacer valer su soberanía, el derecho internacional y la paz en América Latina”.
Esta conversación se produjo en un momento crítico, justo después de la incautación de un petrolero venezolano por parte de EE. UU. y en medio de un intenso despliegue naval estadounidense en el Caribe.
La relación entre ambos líderes fue descrita como de carácter “estratégico y ascendente”. Desde Washington, la reacción fue de aparente indiferencia. Un portavoz de la Casa Blanca restó importancia a la llamada, asegurando que el vínculo reafirmado entre los dos mandatarios “no preocupa a Trump”. Sin embargo, el apoyo de Rusia es crucial para el gobierno de Maduro, no solo en el ámbito diplomático, sino también en el económico y militar. Analistas señalan que, a pesar de este respaldo, tanto Rusia como China parecen haber reducido el apoyo firme que ofrecieron en años anteriores, dejando a Maduro en una posición más aislada frente a la ofensiva de Washington.
En resumenEl respaldo de Vladimir Putin a Nicolás Maduro evidencia que la crisis venezolana es un escenario de la disputa geopolítica global entre Rusia y Estados Unidos. Mientras Washington intensifica su presión, Moscú reafirma su alianza con Caracas, buscando mantener su influencia en la región y desafiar el poder estadounidense, aunque la solidez de este apoyo a largo plazo sigue siendo una incógnita.